Thursday 11 june 4 11 /06 /Jun 05:17

Yo soy el mago que todo lo sabe, todo lo puede

 

A partir de las experiencias que la vida nos da creamos diferentes formas de responder al mundo. Existe la posibilidad de integrarnos a un grupo de personas y de responder de la misma forma que ellas. También podemos conducirnos de una forma totalmente nueva y diferente frente a las opciones que nos presenta el mundo, es decir diferente de cómo responden las personas que viven en nuestro entorno, de una forma que no es la esperada. Probablemente esto generaría cuestionamientos en las demás personas y quizás nos puedan ver como desalineados.

En tiempos pasados hubo quien fue quemado o torturado por atreverse a pensar diferente de como pensaba la sociedad. Se les tachaba de herejes, brujos, hechiceros. Se les mandaba al exilio en un navío:

 

STULTIFERA NAVIS, la cual llevaba a una tripulación de héroes imaginarios... que se embarcaba para un gran viaje simbólico, que les proporcionaba, si no la fortuna, al menos la forma de su destino o de su verdad”[1].

 

Nosotros podemos emprender el camino solitario para defender nuestra verdad, que es distinta a la del resto de las personas que nos rodean. (Verdad que mi corazón sustenta aun cuando mi razón no lo pueda entender en ocasiones).

Partamos desde un mismo punto; al momento de nacer, todos los seres humanos estamos dotados con un gran numero de órganos y sistemas con los cuales podemos tener aprendizajes diversos con los que generaremos nuestra personalidad y junto con ésta se irán moldeando nuestras costumbres, idioma, creencias, etcétera. Dependiendo la información que tengamos buscaremos llegar a una meta similar a la del grupo del cual nos sentimos pertenecientes. Todos los grupos cuentan por lo menos con un patrón en común,  y es que en cierta forma todos buscan trascender en la vida. Esta meta será diferente para cada ser teniendo en cuenta que contamos con realidades diferentes, tomando en cuenta que nuestra vida y nuestro propósito de vida son distintos. Para hacer esto más claro, mi dharma (“Dharma en sánscrito quiere decir ‘propósito en la vida’ ”)[2], es distinto al de cualquier otro ser humano que viva o haya vivido. Nuestro Dharma vive en el corazón de cada quien y se crea segundo a segundo. Nuestra trascendencia será diferente a la de otros seres y llegará en algún momento específico para cada uno de nosotros.

Tenemos la posibilidad de alienarnos al resto de las personas de nuestra comunidad y movernos (vibrar) en un ritmo similar o equivalente, respondiendo de la forma como quiere la comunidad. O podemos responder a nuestro propio tiempo, con el ritmo que marque nuestro organismo.

 

“La responsabilidad te ayuda a hacerte más libre. Y solamente una persona que conoce el sabor de la libertad, que conoce la belleza de la responsabilidad, merece llamarse a sí mismo Ser Humano; de otra forma, seréis sólo camellos y nada más”[3].

 

 En definitiva, la habilidad que poseemos para responder ante el mundo no es la de un camello, pues un camello no es verdaderamente libre. Las posibilidades las generamos desde nuestro potencial de ser humano, lo cual es completamente diferente a la posibilidad y deseo de cualquier otro. Somos seres auténticos cuando buscamos la luz en nuestros corazones y tratamos de iluminar el mundo desde ahí. Por lo menos, la parte del mundo que abarca nuestro camino.

 

“Mira hacia adentro, muy hacia adentro, pues ahí reside el ser verdadero”[4].

 

 Desde nuestra propia luz cambiamos el mundo que a su vez nos transforma. Desde ahí permitimos que las cosas lleguen a nosotros.

 

“Si algo llega a mi vida dejo que llegue y dejo a su vez que se vaya, permito que la nube pase su lluvia y me vuelvo imperturbable por la lluvia; acepto la nube, su lluvia y mi estar entre éstas”.

 

Así surge la posibilidad de ser uno con el cosmos, es en ese momento preciso que somos uno con el mundo y comenzamos el aprendizaje universal.

Aprendemos de las grandes enseñanzas que la vida nos da en los momentos cotidianos, como el hecho que el viento nos acaricie, sin perder la mirada contemplativa de asombro ante tan maravilloso fenómeno, aprendemos, no para saberlo todo, sino para fluir y responder de la mejor manera ante el mundo. Cada ráfaga de viento será diferente y cada uno será diferente cada vez que nos permitamos disfrutar de esa experiencia. Tomamos del mundo lo que necesitamos para crecer, amar y crear. Permitimos que éste siga su camino sin prestarle mucha atención. Cada aquí y ahora es pleno y es la herramienta con la que podemos captar al mundo. Confiamos en nuestra sabiduría interior para percibir lo que necesitamos en ese preciso momento. Cada vivencia es plena; es una oración, es tener a Dios en nuestro corazón, y saber que Dios está hoy para responder cualquier pregunta, aunque no haya una necesidad real de que lo preguntemos, pues Él sabe cuales son nuestros cuestionamientos, puesto que somos parte de él “así arriba, así abajo”. Este Dios cuya verdad es extensa como la eternidad misma, no tiene alfa-omega puesto que esta más allá de cualquier entendimiento que exista, Él refleja su obra en nuestra experiencia a cada instante, desde nosotros y para nosotros con nuestra vida y las bendiciones que hay en ella.

            La búsqueda del propósito de nuestras vidas se vuelve más sencilla porque actuamos de manera amorosa, armónica y por tanto infinita, sin mayor pretensión que la de vivir plenamente el momento presente. Aunque en éste momento tengamos múltiples vacíos y carencias, sabemos que estos se completarán con todo lo que recibamos día con día. Cada segundo que pasa vamos llenando nuestras vidas con experiencias. Dependiendo de la perspectiva de cada quien, esas experiencias tendrán valores determinados que nos servirán para crear lazos y puentes en donde existan vacíos. Observamos el mundo permitiendo que éste llegue a nosotros con esa mirada única e irrepetible de nuestra infinidad. Y ahí, en la infinidad, cada quien se encuentra consigo mismo en un suspiro que estremece. Nos damos cuenta que estamos en el preciso momento, justo en el lugar, “en donde el soplo habita el vacío y la oscuridad, es de donde surgen nuevos elementos que vienen a esclarecer el sitio personal[5]. Aquí es donde debemos estar, y ahora es cuando podemos actuar. Es nuestro espacio; somos nosotros y el mundo que habitamos. El mundo es perfecto y nosotros somos perfectos, ovnis mundus est perfectus, et bonus (el mundo es perfecto y bueno). Ambos fuimos creados geométricamente para habitarnos el uno al otro. Por lo tanto es necesario permitir que pasen las cosas; no detener el fluir de la vida, dejar de luchar en contra del universo y de los seres que habitamos en este, y aceptar la posibilidad de vivir plenamente, amar intensamente, sufrir profundamente.

 

“Ama totalmente y sufre totalmente, porque es así como el oro impuro al pasar a través del fuego se convierte en oro puro”[6].

 

            Es así como nuestras almas se transforman viviendo totalmente el momento, el aquí y ahora, Dentro de cada uno nace el fuego que trasforma la vivencia y ésta a su vez nos transforma de la misma manera. Cambias tú y cambia el mundo en un compartir fluido que va como la marea. Si entonces comprendemos que cada uno de nosotros es en sí la vida misma, es la existencia, es la presencia, entonces comenzaremos a vivir mágicamente pues encontraremos un camino lleno de virtudes, aun cuando aparentemente no las haya, porque nosotros tendremos los ojos del mago para ver a través de las cosas.

 

 “Any Path is only a path, and there is no affront, to oneself or to others, in dropping it if that is what your heart tells you.... look at every path closely and deliberately. Try it as many times as you think necessary. Then ask yourself, and yourself alone, one question... Does this path have a heart? If it does, the path is good; if it doesn´t it is of no use”[7]. (Cualquier camino es sólo un camino, y no hay complicación, para uno mismo u otros, en dejar ese camino si eso es lo que te dicta tu corazón... mira cada camino de cerca con deliberación. Pruébalo cuantas veces creas necesario. Luego pregúntate, a ti y sólo a ti, esta pregunta... ¿El camino tiene corazón? Si es así, el camino es bueno, si no, no sirve de nada).

 

            Lo que podemos encontrar es que el verdadero mago que transforma al mundo vive su realidad desde adentro, la magia no la hace para otros sino para sí mismo. El mago reconoce que el amor es el fuego que todo lo transforma, sabe también que “el amor tiene sus raíces en la tierra que son su dolor y su agonía. Y tiene sus ramas en el cielo, que son su éxtasis”[8]. Él sabe que el amor es una pócima sagrada y el elixir mas amargo que pueda haber. El mago está parado en la tierra y comprende que va al cielo. No lucha con la tierra porque sabe que sin el dolor y la agonía el éxtasis no sería posible. Como el mago, podemos cambiar nuestras vidas con nuestras intenciones. Podemos hacer magia; transformar otros metales en oro como hacen los alquimistas, o crear de las experiencias negativas experiencias positivas, la falsedad en verdad, la oscuridad en luz, la contemplación en paz y cada momento de nuestro existir en bendiciones y amor.



[1] Foucault, Michel. Historia de la locura en la época clásica, Vol. I. p. 21.

[2] Chopra,  Deeprak. Las siente leyes espirituales del éxito, p.85.

[3] Moan Jain Chandra (Osho). Los misterios de la vida,  p.185.

[4] Wilber, Ken. La conciencia sin frontera, p.81.

[5] Almendro Manuel. Psicología y psicoterapia transpersonal, p. 243.

[6] Moan Jain Chandra (Osho). Los misterios de la vida, p.70.

[7] Capra, Fritjof. The Tao of physics, p.16.

[8] Moan Jain Chandra (Osho). Los misterios de la vida, p.64.

Por Dr. Manolo Arrieta
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